Nota Área de Antropología:

El ancestral juego de dados y oráculo del Quechucague

El juego del Quechucague y su tablero según el Abate Molina en el siglo XVIII

El juego del Quechucague y su tablero según el Abate Molina en el siglo XVIII

El juego del Quechucague y su tablero según el Abate Molina en el siglo XVIII

Francisco Garrido, curador del Área de Antropología nos aporta una nota que nos revela que en épocas prehispánicas, había juegos de azar.

06/01/2017

Siglos atrás, desde antes que los españoles llegaran a América, la gente de la vertiente occidental de Sudamérica practicaba un juego de azar que también tenía connotaciones adivinatorias. En tiempos del Inca, luego en la colonia y hasta principios del siglo XX, se habrían utilizado dados piramidales tanto con fines lúdicos, así también como medio de predecir acontecimientos y hablar con las huacas, que eran lugares sagrados donde se suponía que habitaban espíritus y divinidades. Incluso en Perú se habrían utilizado como medio para comunicarse con los difuntos durante los días de velorio.

Nuestro museo posee uno de aquellos dados, el cual es de piedra de forma piramidal, con cuatro lados que poseen líneas paralelas en sus costados. Dichas líneas aumentan progresivamente de una a cuatro y en su punta posee un grabado en forma de cruz, que equivaldría a 5 puntos. Este dado procedente de Curicó, fue donado al museo en el año 1891 por parte del señor Román Bonn. Era utilizado en el juego de mesa conocido en el sur de Chile como quechucague, mientras que en el norte del país y Perú era conocido como pichca o huayru. Es relevante destacar que tanto la palabra pichca como quechu significan "5" en quechua y mapudungun respectivamente, refiriendo probablemente al número de lados del dado.

Dado piramidal para Quechucague en la colección del Museo Nacional de Historia Natural, procedente de Curicó.

Dado piramidal para Quechucague en la colección del Museo Nacional de Historia Natural, procedente de Curicó.

Dado piramidal para Quechucague en la colección del Museo Nacional de Historia Natural, procedente de Curicó.

De este tipo de dados existen diversos ejemplos arqueológicos de época Inca, entre los que destaca el hallazgo en la aldea prehispánica de Talikuna en la zona de Caspana, región de Antofagasta. También se han encontrado varios ejemplares en sitios incaicos de Perú como Pachacamac, Machu Pichu y Huaca Tres Palos. Incluso hay registro de ejemplares en el noroeste argentino, en la puna de Jujuy. Como se puede apreciar en la siguiente ilustración, estos son prácticamente idénticos a aquel dado de nuestro museo, con el mismo tipo de forma y marcas numéricas. Según los cronistas Martín de Murúa, Guamán Poma de Ayala y Bernabé Cobos, era un juego masculino de práctica común en tiempos incaicos e incluso se podían apostar animales y tierras preferentemente en época de cosecha. Se practicaba tanto entre campesinos como entre señores incaicos y líderes locales. Es posible que haya sido parte de las estrategias Incas de control y relación política con las poblaciones locales, en donde la ilusión del azar difuminaba el pragmatismo de la dominación imperial.

Dados prehispánicos de época Inca en contextos arqueológicos (Compuesto a partir de Castro y Uribe 2004, Gentile 1998)

Dados prehispánicos de época Inca en contextos arqueológicos (Compuesto a partir de Castro y Uribe 2004, Gentile 1998)

Dados prehispánicos de época Inca en contextos arqueológicos (Compuesto a partir de Castro y Uribe 2004, Gentile 1998)

La forma de jugar consistía en arrojar el dado sobre un tablero en forma de semicírculo dividido en dos mitades. En cada mitad había casilleros donde cada jugador marcaba con fichas su puntaje, hasta que un jugador los completaba todos y ganaba la partida. No está claro como este juego se popularizó entre los mapuches, pero es descrito como de común práctica entre ellos tanto por el cronista Alonso de Ovalle, así como también por el naturalista Juan Ignacio Molina. Este último cuenta: "el quechu, que aprecian infinito, tiene una grande analogía con el juego de tablas, pero en lugar de dados se sirven de un triángulo de hueso señalado con puntos que echan por un arillo sostenido de dos palillos, como era quizá el fritillo de los antiguos Romanos".

El juego del quechucague o pichca es un importante legado de nuestro patrimonio inmaterial, del cual sólo conocemos hoy a través de su registro material e historias pasadas. Sin embargo, gracias a aquellos registros es posible reconstruir sus reglas y significancia, y quien sabe si quizá podamos volver a jugarlo algún día.

Referencias

  • Castro, Victoria y Mauricio Uribe

2004 Dos "pirámides" de Caspana, el Juego de la pichica y el dominio Inka en el Loa superior. Chungara 36(2):879-891.

  • Ferrarese, Stela

2008 El tiempo libre en la vida en Sur-América antes de la invasión española: Estudio del dado encontrado en la excavación realizada por el investigador Prof. Jorge Fernández en la cueva de Haichol en la provincia de Neuquén. 3° Jornadas de Historia de la Patagonia, San Carlos Bariloche.

  • Gentile, Margarita

1998 La pichca: oráculo y juego de fortuna (su persistencia en el espacio y tiempo andinos). Bulletin de l'Institut français d'études andines 27(1):75-131.

  • Matus, Leotardo

1920 Juegos i ejercicios de los antiguos araucanos. Boletín del Museo Nacional: 162-197.

  • Molina, Juan Ignacio

1788 Compendio de la historia geográfica, natural y civil del Reyno de Chile. Escrito en italiano por don Juan Ignacio Molina; traducida en español por Domingo Joseph de Arquellada Mendoza. Antonio de Sancha, Madrid.

Recursos adicionales

Materias: Antropología
Palabras clave: Área de Antropología MNHN - prehispánico - Dados - Quechucague - Pichca - Francisco Garrido